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ALGUNOS ANTECEDENTES DE LAS CIENCIAS EN CUBA

El pensamiento científico en Cuba se expresó en el siglo XVIII como parte del proceso de integración de la nacionalidad cubana, favorecido en lo económico, por el incremento de la producción azucarera y el libre comercio; en lo cultural, por la propagación y asimilación de sistemas filosóficos antiescolásticos y por la generalización de métodos modernos en la enseñanza en general, todo lo cual propició el florecimiento de las letras y las artes en el país. Son muestra de este desarrollo los siguientes hechos:

1651, se gradúa en Cuba el primer bachiller en medicina: Diego Vázquez de Hinostrosa.

1728, se funda la Universidad de La Habana.

1793, se funda la Sociedad Económica de Amigos del País.

A fines del siglo XVIII se inicia una reforma que permitió la gradual incorporación de conocimientos científicos modernos a la enseñanza.

1804, se introduce en Cuba la vacuna contra la viruela, gracias a la labor de Tomás Romay. A principios del siglo XIX tuvieron especial trascendencia y numerosa audiencia los cursos de filosofía impartidos por el presbítero Félix Varela en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

1817, se funda el Jardín Botánico de la Habana.

1823, se establece el Museo Anatómico del Hospital Militar.

1837, se organiza la Cátedra de Química de la Real Junta de Fomento.

1837, se inaugura en Cuba el primer ferrocarril de Iberoamérica.

1842, se edita la primera revista médica. 1861, se funda la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana.

1881, Carlos J. Finlay identifica el modo de transmisión de la fiebre amarilla.

A inicios del siglo XX y luego de la intervención de Estados Unidos en Cuba, predominaron los intereses norteamericanos en el desenvolvimiento de la labor científica. Hasta 1959 -año en que triunfa la Revolución- la labor científica se mantuvo primordialmente con expresiones individuales, principalmente en investigaciones aplicadas y en estudios de los recursos naturales, en lo esencial de carácter agrícola, sobre suelos y minerales. En esa etapa los pocos centros de investigación existentes tenían escaso apoyo gubernamental y su atención estaba dispersa.

1901, se inicia la prospección de nuestros recursos mineros con el fin de organizar su explotación.

1904, se crea la Estación Experimental de Santiago de las Vegas, con presupuesto estrecho y un pequeño grupo de investigadores, algunos glorias genuinas de Cuba, como Juan Tomás Roig y Julián Acuña.

1916, se clasifican por primera vez los suelos cubanos.

1940, se realiza el mapa geológico nacional y se publica un croquis en 1946.

1928, se mapifican los suelos por Bennet y Allison. Considerando la época -inicios del siglo XX-, fueron notables las medidas organizativas esbozadas y que llegaron a expresarse para las cuestiones sanitarias, a las que tenían acceso, primordialmente, las clases pudientes. Sin embargo, muchos de estos esfuerzos y presupuestos se frustraron en turbios manejos gubernamentales, y otros languidecieron por falta de respaldo oficial. En la medicina se destacan las figuras del eminente epidemiólogo Juan Gutiérrez y del notable parasitólogo Pedro Kourí.

1937, se crea el Instituto de Medicina Tropical. A pesar de los esfuerzos de Enrique José Varona el sistema educacional cubano, bajo la égida neocolonizadora, no absorbió las ideas educacionales más modernas, que ya se ponían en práctica en Estados más avanzados. Así lo puso en evidencia Julio Antonio Mella, al encabezar la lucha por la reforma universitaria. Con un solo centro universitario -la Universidad de La Habana-, la educación superior no estaba preparada para satisfacer las demandas que el desarrollo reclamaba al país en la primera parte del siglo XX. ¡Cómo iba a estarlo, si en 1958 en Cuba había más de un millón de analfabetos, recibían educación primaria sólo 700 mil alumnos y más de la mitad de los niños en edad escolar no contaban con maestros o escuelas!

Los esfuerzos investigativos realizados desde la Universidad eran el resultado de los intereses y esfuerzos personales y estaban asociados, fundamentalmente, a las tesis universitarias. En algunas ramas, como la matemática, la física y otras disciplinas, la investigación era, sin dudas, insuficiente, a pesar de las destacadas labores de Pablo Miquel y Merino, Manuel Francisco Gran, Don Carlos de la Torre, Emilio Roig y Salvador Massip, entre otros.

Don Fernando Ortiz, verdadero enciclopedista, talento excepcional, dedicado a la afanosa búsqueda de nuestras raíces culturales, penetró en nuestras entrañas y puso sobre el tapete el tema de la nacionalidad cubana.

En el campo tecnológico estaban ausentes las facilidades necesarias para la experimentación y la investigación. La dependencia tecnológica implicaba no sólo la importación de tecnología, sino también de expertos, consejeros, profesores o el adiestramiento en el extranjero de determinados profesionales cubanos "claves". Las innovaciones tecnológicas de cierta envergadura se realizaban fuera del país y sin la participación cubana.

Como resultado de un desarrollo dependiente en extremo coexistieron contrastes de absoluta falta de desarrollo y de muestras de tecnologías de avanzada en una misma rama, mientras el pueblo esperaba por verdaderas soluciones. Estas contradicciones quedarían sintetizadas por el Comandante en Jefe, Dr. Fidel Castro Ruz, en la Historia me Absolverá, cuando afirmara:

"Salvo unas cuantas industrias, alimenticias, madereras y textiles, Cuba sigue siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos, se exporta hierro para importar arados... Todo el mundo está de acuerdo en que la necesidad de industrializar al país es urgente, que hacen falta industrias metalúrgicas, industrias de papel, industrias químicas, que hay que mejorar las crías, los cultivos, y las técnicas de elaboración de nuestras industrias alimenticias, para que puedan resistir la competencia ruinosa que hacen las industrias europeas de queso, la leche condensada, licores y aceites y las de conservas norteamericanas; que necesitamos barcos mercantes, que el turismo podría ser una enorme fuente de riquezas, pero los poseedores de capital exigen que los obreros pasen bajo las horcas caudinas, el Estado se cruza de brazos y la industrialización espera por las calendas griegas".

Así que a modo de resumen, lo que puede decirse es que la ciencia cubana, como sistema organizado, es un producto genuino de la Revolución.

Hay que entender que el primero de enero de 1959 lo que había en Cuba era : Mas de un millón de analfabetos en una población de poco más de 6 millones. No existían centros de investigación, solo algunas estaciones experimentales o pequeños laboratorios aislados, con poco o ningún presupuesto.

La Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales que había sido creada en época de la colonia española estaba subordinada al Ministerio de Justicia y tenía en esa época un presupuesto anual de 100 pesos, Ni siquiera pensar en programas de investigación auspiciados por el gobierno.

En ese momento existían solo 3 universidades, donde era prácticamente nula la investigación científica.

Fuente: www.cubagov.cu