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La vuelta de los aljibes
La sequía golpea aquí y allá. La alarma por la escasez de agua sonó hace rato: cisternas para el abasto a la población y hasta para garantizarla a los animales, la tierra agrícola agrietada, y constantes llamados a evitar el antológico despilfarro del líquido, más viejo en nuestro entorno que Matusalén.

Vivimos una hora en que muchísimos añoran tener, en disímiles lugares, las aguas potables y las otras destinadas al riego que las veíamos y vemos todavía correr en calles, avenidas y zonas suburbanas, formando grandes charcos.

El panorama es tenso. Y gracias al preciado líquido embalsado que, en mayor o menor medida, deviene raquítico en el país, la situación no resulta peor todavía.

El cielo se ha secado o, más bien, hace rato no se vacía con frecuencia en esplendorosos aguaceros y, consecuentemente, es imposible la recuperación de los mantos freáticos, el caudal de los ríos y mantener las presas con volúmenes adecuados de un año para otro.

Para ello, juegan un papel esencial, más allá de sus estragos, los ciclones y las tormentas tropicales, más benévolas estas últimas, si cabe.

Desde estas mismas páginas he expuesto que sin esos fenómenos atmosféricos se hace difícil que un régimen normal garantice la recuperación de los mantos freáticos, el caudal de los ríos y mantener en los embalses volúmenes adecuados de un año para otro.

Han explicado expertos en la materia que los ciclones o huracanes, además, son beneficiosos para el ecosistema porque los árboles enfermos y débiles caerán ante el azote contribuyendo a la regeneración vegetal de los bosques.

A pesar de que de las presas hay una parte nada desdeñable de agua que se sigue desperdiciando. El auge de las cisternas y tanques conectados a las tuberías del acueducto hizo desaparecer a los aljibes, esos recolectores de la lluvia que existieron y existen todavía en determinados lugares.

Pero la vuelta de aquellos tampoco es una quimera. Al menos se tuvieron en cuenta en la inversión de la reconversión tecnológica de la Planta Cloro Sosa, de Sagua la Grande, en Villa Clara.

La seriedad con que asumen la creación de esa infraestructura la revela el hecho de que su implantación se chequea en reuniones sistemáticas, al igual que cada uno de los objetos más trascendentes de la planta.

El agua que recolectarán, luego de ser tratada en la planta para esos fines, se utilizará en el proceso de la industria. Y esto significará el empleo de menores volúmenes provenientes de la presa Alacranes. Entonces, bienvenida la vuelta de los aljibes! Ojalá que se multiplique la recolección de esa lluvia que, sin ser tratada, sirve también para diferentes usos en cualquier entidad o la propia agricultura.

Fecha:
Viernes, 31 de marzo del 2017
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