Cuatro científicos cubanos recuerdan a Fidel y su estrecha vinculación con la ciencia

Jueves, 15 de agosto del 2019 / Fuente: Granma

Cuba 1981, el Comandante en Jefe Fidel Castro se interesa por el funcionamiento de la tecnología SUMA y sus posibilidades, como parte de una exposición de resultados avanzados de las investigaciones en las Ciencias Médicas. Foto: Archivo Cubadebate.

Rememorando a nuestro Comandante en Jefe en una de las facetas más fascinantes de su vida, como lo fue su desbordada pasión por las ciencias y el lugar de estas en la consolidación del proceso revolucionario cubano, cuatro destacados científicos nos brindan sus testimonios sobre sus experiencias junto al excepcional hombre de ciencia que fue Fidel Castro Ruz.

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Fidel, sensibilidad y confianza en la ciencia joven

El Comandante en Jefe Fidel Castro junto al director fundador del Centro de Inmunoensayo José Luis Fernández Yero, recién inaugurada la institución. Foto: Archivo Cubadebate.

Dr. José Luis Fernández Yero, exdirector General del Centro de InmunoEnsayo de La Habana

El 29 de julio de 1981, en una exposición de nuevos desarrollos de equipos médicos Fidel se impresionó profundamente con las fotos de un niño malformado, al conocer que el objetivo del trabajo era evitar el dolor de una familia al tener un niño que naciera con una malformación grave y ofrecerles la posibilidad de un diagnóstico temprano para poder tener un niño sano y orientó: – Un solo niño que podamos evitar con estas malformaciones vale la pena cualquier esfuerzo.

La confianza y el estímulo de Fidel convirtieron el entusiasmo de aquel pequeño grupo de jóvenes en un programa de alcance nacional, que fue, además, el inestimable estímulo de la realización de los sueños de los jóvenes científicos.

Cuando la RDA suspendió la colaboración y nos privó de las partes ópticas y de mecánica de precisión y nos negamos a renunciar muchos le dijeron: -Esos muchachos están locos… Fidel era el único completamente seguro de que podríamos hacer todos los equipos por nosotros mismos en Cuba. Esa confianza de Fidel condujo a la construcción, con ejemplar ejecución, del Centro de InmunoEnsayo, al que calificara el día de su inauguración como “Una joya de la Revolución”. Durante la construcción del Centro Fidel y sus invitados lo visitaron decenas de veces, para animar, orientar, preguntar, mucho preguntar y después comprobar y controlar.

Investigar, desarrollar nuevos métodos y equipos, pero no prototipos, sino producciones en serie, investigar, producir y en cantidades que permitieran satisfacer las necesidades del país y exportar y colaborar con otros pueblos orientó y cerca de tres años después de su inauguración se comenzaron a exportar equipos que hoy suman cientos y más de 2000 instalados en Cuba.

Preocupado por la alimentación de los trabajadores del Centro, Fidel no preguntaba por la comida, llegaba a la cocina y ante la preocupación de algunos de sus “acompañantes” se servía frijoles o lo que hubiera para probar, allí mismo de pie y con el plato en la mano, para comprobar si estaban buenos y le preguntaba a algunos si el pollo que se estaban comiendo estaba bien cocinado. Si alguien era alérgico al pescado se preocupó personalmente de que tuviera alternativas y se ocupó de verificar varias veces que se cumpliera con esa indicación.

Preocupado por las extensas jornadas de semanas sin salir del Centro, mandó a todos para sus casas por unos días, para que descansados pudieran pensar y rendir mejor.

Pudiera parecer exagerado para los que no lo conocieron, preguntar una cifra y semanas después al conversar sobre la misma rectificar un error de un decimal de la que le había dado antes. Con igual detalle se interesaba por los pormenores de la investigación, fascinado con las nuevas ideas, de la producción de la exportación y de los más mínimos detalles de nuestras vidas.

En agosto del 2004 se produjo su última visita al CIE. En la tarde, de improviso, la gente apresurada dijo: Ahí está Fidel. Nosotros habíamos preparado condiciones para atenderlo en la planta baja y evitarle las escaleras, pero nada, cuando reaccionamos ya estaba en la planta alta.

—No digas que estoy aquí hasta que te avise, le dijo al jefe dela escolta. Durante los primeros treinta o treinta y cinco minutos de las cercas de cuatro horas y medias que duró su visita, estuvo preguntando sobre el Centro, las novedades, las nuevas capacidades, el estado de las máquinas. De pronto y todo el resto del tiempo explicando la Misión Barrio Adentro y su aspiración del impacto que tendría en la salud y el bienestar del pueblo venezolano. No dio órdenes, nos hizo sus cómplices en ese sueño de salud y vida.

—¿Cuántos laboratorios tenemos en Cuba?

—167 Comandante.

—Entonces tenemos que instalar 200 en Venezuela en dos años.

—Evalúen y digan lo que sea necesario para lograr eso, con el entrenamiento del personal, asegurar los reactivos y el mantenimiento.

Una vez más Fidel estuvo más seguro que nosotros de las grandes metas que su “Joya de la Revolución” podría vencer. En Venezuela se han instalado y mantenido más de 200 laboratorios con Tecnología SUMA® en Barrio Adentro y el Ministerio del Poder Popular para La Salud.

Al salir me dejó el resultado de uno de sus sueños, su ejemplar, el primero, del libro Voces del Milagro.

Ya en la escalera se viró y me preguntó por las matas de plátano burro que había visto y de las que había comido en mi casa a principios de los noventa, más de diez años atrás. Claro, él ya sabía que no estaban y me preguntó nuevamente cómo había seguido una de mis hijas, que en una de sus visitas de aquella época tenía un corsé de yeso.

Eso también aprendimos de Fidel: “sensibilidad y confianza”.

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Invertir en biotecnología no puede ser lujo

Dr. Luis Herrera Martínez, asesor del Grupo BioCubaFarma y académico de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba. Foto: Roberto Garaicoa/Mesa Redonda.

Dr. Luis Herrera Martínez, asesor del Grupo BioCubaFarma

La Biotecnología es una de las ramas de mayor desarrollo en Cuba. Medicamentos únicos de su tipo en el mundo como el Heberprot-P, la vacuna CIMAVAX, así como la creación de terapias para el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso central, el cáncer, la hepatitis B o la meningoencefalitis han convertido a nuestro país en una potencia mundial.

Pertenecientes al Grupo Empresarial BioCubaFarma, hoy unos 20 mil trabajadores de diversos centros de investigación impulsan una industria que, por su alto costo, parecería destinada únicamente a países desarrollados. Sin embargo, la Revolución Cubana entendió tempranamente la importancia de la biotecnología como un sector fundamental para la salud del pueblo cubano y el despunte de su economía y  por eso hoy recoge los frutos de la creación del Polo Científico en medio del Período Especial.

Casi cuatro décadas de esfuerzo han engrosado la cartera de productos biotecnológicos cubanos e instituciones como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el Centro de Inmunología Molecular (CIM) y el Centro de Inmunoensayo se han convertido en referentes internacionales.

La semilla de todo estuvo en el pensamiento de Fidel Castro, quien en el temprano 1960 vaticinó que el futuro de Cuba tenía que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencias.

Cuba llegó al camino de la biotecnología en 1980, cuando el Comandante en Jefe creó un grupo dedicado a la producción del interferón, como un posible medicamento contra el cáncer.

“Fidel fue siempre un impulsor de nuestro trabajo y su visión y capacidad hicieron que, en un tiempo relativamente corto, un país pobre y pequeño haya obtenido un resultado tan impetuoso a nivel de la biotecnología”.

Tras estos primeros pasos, Cuba logró la fundación del CIGB en 1986, y en esa misma década se crearon otros centros científicos, como el Centro de Investigaciones Biológicas, el Centro de Producción de Animales de Laboratorio (CENPALAB), Centro Nacional de Biopreparados (BIOCEN), Centro de Inmunoensayo, el Centro de Inmunología Molecular (CIM); así como el Polo Científico en 1991.

Innovación en la Biotecnología cubana

Una industria con 34 empresas, más de 20 mil trabajadores, 61 facilidades productivas por todo el país, y que exporta a 53 países, son el saldo de 30 años de trabajo ininterrumpido de las empresas que conforman actualmente BioCubaFarma,

La biotecnología cubana se distingue por la integración y cooperación entre los centros del Polo Científico, así como de estos con instituciones como el Ministerio de Salud Pública, y por un enfoque de ciclo cerrado, que garantiza la investigación, el desarrollo y la comercialización de un producto.

“Como son tecnologías costosas, lo natural es que estas empresas cierren el ciclo económico en el exterior y con los ingresos se sostenga el desarrollo de esa industria, así como su uso nacional. La exportación es la vía para que la industria se siga desarrollando y garantizar el uso de productos en el sistema de salud nacional”, que la industria cubana tiene un componente importante de innovación, con más de 700 objetos de invención, que han dado lugar a 2700 patentes en el mundo.

De 101 productos biofarmacéuticos, 76 no son biosimilares y fueron creados totalmente por los científicos nuestros, de los cuales 20 son proyectos primeros en su clase, pues no existe otro en el mundo que actúe de esa manera para esa enfermedad.

Heberprot-P y CIMAVAX EGF: Dos promesas de la Biotecnología

Uno de los productos líderes por excelencia de la biotecnología cubana es el Heberprot-P, un medicamento único de su tipo en el mundo, empleado en la terapia de la úlcera del pie diabético, que ha beneficiado a cerca de 290 mil pacientes en más de una veintena de países de América Latina, Asia, África y Europa y está registrado actualmente en más de 25 naciones.

El Heberprot-P fue incluido en el Programa Nacional de Atención Integral hace diez años y en este tiempo más de 70 mil pacientes cubanos han sido tratados con el medicamento, lo que significa una reducción de más del 75 por ciento de los casos de amputación previstos antes de la existencia del producto.

Otro de los productos más exitosos es la vacuna Cimavax EGF, usada para el tratamiento de cáncer de pulmón, y uno de los productos líderes de la cooperación entre Cuba y Estados Unidos en el marco de la ciencia.

en lo novedoso de esta vacuna que no cura el cáncer, pero sí mejora la condición clínica de los pacientes y su calidad de vida

“Esta es la primera vacuna terapéutica de su tipo contra el cáncer avanzado de pulmón, que concluyó su ensayo clínico en 2011, pero de la que ya se extiende su aplicación en la atención primaria de salud con alentadores resultados al prolongar la supervivencia de los enfermos”.

El uso de la vacuna ha prolongado la vida de pacientes que tenían diagnosticadas perspectivas de vida de seis meses hasta cinco años.

“El cáncer de pulmón es una enfermedad en la que la probabilidad de supervivencia para los pacientes diagnosticados en etapa avanzada es muy baja”, señaló, por lo que la vacuna busca movilizar el sistema inmunológico, para que sus componentes luchen contra las células cancerosas que crecen dentro del cuerpo.

Se trata de un producto cuyo concepto es muy nuevo en la terapia de cáncer. Tenemos un estudio clínico en Europa, y otro en Estados Unidos con el Instituto para el Cáncer Roswell Park. El año pasado se hizo un fase 1 que ha demostrado que los pacientes americanos están reproduciendo los datos de Cuba, y empezó ahora el fase 2. Este ha sido uno de los productos líderes de la empresa mixta que se fundó en el Mariel con Estados Unidos.

Biotecnología para desórdenes del cerebro

Un producto muy prometedor, del que el tiempo dirá la última palabra, es desarrollado actualmente por el CIGB, con datos clínicos muy significativos en isquemia cerebral.

Está previsto próximamente un ensayo clínico con vistas al posible registro del producto a nivel nacional, donde intervendrán hospitales de todo el país.

“Los pacientes con infarto cerebral tienen un riesgo alto de muerte en el primer año. Con este medicamento, los pacientes tratados tuvieron mucha mayor supervivencia, y lograron una recuperación total”.

Desarrollado por el CIM, otro producto innovador es el Neuroepo, destinado a  retrasar el avance del Alzheimer y mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen. El fármaco, que es un derivado inyectable de la Eritropoyetina Humana Recombinante, ha demostrado tener un efecto neuroprotector, y se encuentra en fase de ensayo clínico.

Siempre es de destacar el valor de la vacuna de la meningo del Instituto Finlay, la primera que tuvo un impacto en la salud del pueblo cubano y las exportaciones del sector.

Una novedad es que en 2019 se espera, luego de que concluya el ensayo clínico a nivel de país, el registro de la vacuna contra el neumococo, que produce neumonía y meningitis neumococica.

Biotecnología agropecuaria

Los logros de la biotecnología no solo son palpables en la salud del pueblo cubano, sino en otra de las principales demandas de la economía y la alimentación: la agricultura y la ganadería.

“Se ha dado un salto grande en los últimos años a partir del trabajo con el Ministerio de Agricultura, porque nos hemos dado cuenta de que podemos aplicar la ciencia para enfermedades de las plantas y la ganadería, y estamos trabajando de conjunto en crear un sistema de vigilancia epidemiológica de la agricultura. Así, entre las principales vacunas en el campo veterinario destacan la creada contra la garrapata, y una contra el cólera porcino. Esta última es muy novedosa, porque corta la transmisión vertical de madre a hijo.

Para la alimentación del ganado se está trabajando en las semillas mejoradas por vía genética por ADN recombinante, y que ya se cuenta con variedades de maíz y de soya que se han logrado en Cuba utilizando técnicas de ingeniería genética.

Cómo Cuba se convirtió en potencia mundial de la Biotecnología?, la respuesta estaría en una combinación de varios factores.

El pensamiento preclaro de Fidel de visualizar el futuro del sector, desde el temprano 1980, la inversión en biotecnología en momentos en que hubiera parecido un lujo, el enfoque de ciclo cerrado de investigación, producción, comercialización y, sobre todo, la presencia de un valioso capital humano, han permitido consolidar un sector que hoy impacta en las aspiraciones sociales y económicas del país.

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Incidir fuertemente en el desarrollo del país

El Comandante en Jefe Fidel Castro en una de sus habituales visitas al CNIC, sentado a su lado aparece el doctor Wilfredo Torres Yríbar, quien dirigió la institución durante diez años. Foto: Granma.

Dr. Wilfredo Torres, fundador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas

Si tuviera que hacer una introducción a la obra de Fidel Castro sobre el  Centro Nacional de Investigaciones Científicas y el desarrollo a la Biotecnología en Cuba, no tendría suficientes palabras para expresar, a la altura de la visión de Fidel que fue capaz, tan tempranamente en la historia de la revolución, implementar  sistemáticamente medidas específicas  para que Cuba sea hoy un ejemplo en su desarrollo científico. Ello expresado en el avance alcanzado en la ciencia cubana y en particular los frutos ostensibles en la Biotecnología.

Su idea de crear el CNIC era precisa y nos encargaba la formación de  científicos con exigencia y la organización necesaria para alcanzar altos resultados en la formación y con investigaciones básicas y aplicadas, y el desarrollo tecnológico con tareas de investigación que incidieran fuertemente en el desarrollo del país.

Los recursos para este objetivo se disponían en la orientación de que de ninguna manera se afectara tan importante tarea.

Insistía en la consagración de los jóvenes investigadores y recibió la respuesta positiva de los jóvenes en formación. Se fortaleció así el trabajo por una ciencia fuerte.

Se formaban o se actualizaban científicamente en el CNIC, además a los propios investigadores de la institución, a centenas de jóvenes para con su formación y vínculo con el CNIC, poder impulsar la actividad, de ciencia y técnica en sus respectivas instituciones, en un ambiente de trabajo que por sus características de seriedad, y entusiasmo, recibían el elogio de dirigentes cubanos y científicos extranjeros que nos acompañaban.

En presencia de altos dirigentes cubanos, Fidel expresó su criterio de que esta institución científica se convertiría en un centro Madre para la creación de otros institutos de Investigación. También implicaba ese concepto el apoyo al desarrollo de otros centros de Investigación (CENSA, Victoria de Girón, Vacunas, CIE, IPK, Biotecnología, Neurociencias, entre otros.

Fidel mantuvo siempre una cercana atención personal a los jóvenes investigadores para estimularlos y orientar temas específicos importantes para desarrollar por los colectivos. Innumerables encuentros sostuvo en diferentes departamentos del CNIC y de otras instituciones científicas.

La Biotecnología comenzaba en el mundo (años 73-74) y él previó rápidamente el impulso a esta rama tan importante.

En reunión con el Rector de la Universidad de La Habana, el Comandante me planteó emprender el trabajo en la transformación  de microorganismos.

Inmediatamente comenzamos en el CNIC, con la creación primero de un Laboratorio de Genética de microorganismo, que derivó en un Laboratorio de Ingeniería Genética.

Este Laboratorio fue parte importante en el plan del desarrollo acelerado de la Biotecnología y se integraron al plan del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología inaugurado en 1986 después de un arduo trabajo que desarrollamos con los arquitectos designados para un diseño adecuado de ese gran centro.

Cuantos logros trascendentes nacional e internacionales se han logrado en un tiempo realmente muy corto, para este tipo de centro. La Biotecnología cubana ha alcanzado un elevado prestigio internacional.

El convencimiento de que un país que no alcance un lugar en la ciencia no alcanzará ningún lugar en el desarrollo el día de mañana, se expresaba en una atención directa, frecuente, permanente y estimuladora, para alcanzar el desarrollo acelerado que se esperaba.

Fue muy adelantada y decisiva la labor desplegada en pro de la Biotecnología con resultados que han repercutido nacional e internacionalmente.

Gracias Fidel.

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La Ciencia: Otra batalla de ideas de Fidel Castro

Médico de profesión, especializado en Bioquímica, con estudios de oncología en el Instituto Pasteur, de París. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Texto del Dr. Agustín Lage Dávila, asesor del Grupo BioCubaFarma, en ocasión del 90 cumpleaños del Comandante en Jefe

Nos acercamos al 90 cumpleaños de quien ha sido una de las personalidades mayores de la Historia del Siglo XX en el mundo: Fidel Castro.

Sus ideas y sus acciones se proyectan en muchos campos de la existencia social humana. Estos apuntes son sobre uno de esos campos: el desarrollo científico y tecnológico.

Y de inmediato nos damos cuenta al empezar a ordenar ideas, de que aunque estemos hablando de la historia, no estamos hablando esencialmente sobre el pensamiento de Fidel en diferentes etapas de la historia revolucionaria cubana, este no es un debate sobre el pasado, sino más bien sobre el futuro al que ese pasado nos lleva y convoca, porque el pensamiento de Fidel tiene todavía mucho que hacer y que influir en las tareas que tenemos por delante los revolucionarios cubanos, y en el presente y futuro de la América Latina y de ese inmenso mundo de “los pobres de la tierra”.

Es cierto que fue en los años 90 cuando empezamos a utilizar ampliamente en Cuba la expresión “Batalla de Ideas”, pero cuando miramos en retrospectiva al pensamiento y la ejecutoria de Fidel Castro, ahora desde la perspectiva de sus nueve décadas, se nos hace evidente que es eso precisamente lo que Fidel ha estado haciendo toda su vida: dar batallas de ideas.

Hay tres planos en los que podemos emprender este análisis: las ideas y las acciones; los conceptos que se expresan a través de esas ideas; y finalmente las raíces éticas de esos conceptos que sustentan el pensamiento y la acción de Fidel.

La función de la ciencia en el desarrollo social es una de las originalidades (entre muchas otras) de la Revolución cubana: Nunca antes en un país subdesarrollado el pensamiento científico y la práctica de la investigación científica habían tenido una función tan protagónica en un proceso de transformación social; función además, construida intencionalmente.

Ello se pudiera sintetizar en tres expresiones de Fidel en tres momentos muy distintos.

  • La primera en 1960, antes de la Campaña de Alfabetización, cuando en un país sin tradición científica, y enfrentado a muchas urgencias dijo:

“El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de Ciencia, de hombres de pensamiento”.

  • Luego en 1991, cuando se desplegaba ya la crisis del campo socialista europeo y se planteaba la ingente tarea de defender nuestra soberanía expresó:

“La independencia no es una bandera, o un himno, o un escudo. La independencia no es cuestión de símbolos. La independencia depende del desarrollo, la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy”.

  • Y después en 1993, año en que tocó fondo la crisis económica del período especial que siguió a la desaparición del campo socialista europeo y al reforzamiento oportunista del bloqueo norteamericano contra Cuba, Fidel re-tomó la idea de las funciones de la ciencia en la economía cuando expresó que:

“La Ciencia, y las producciones de la ciencia deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional. Pero partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”.

Quienes vivimos esta etapa sabemos muy bien que no fueron solamente expresiones discursivas, sino que fueron seguidas y respaldadas por acciones concretas. Esas acciones concretas que materializaron su pensamiento son muchas, imposibles siquiera de enumerar en estas breves notas. Ellas incluyen el desarrollo educacional, la creación masiva de escuelas y universidades en todas las provincias, la edición de libros científicos, la formación de miles de científicos en Cuba y en el exterior, la construcción de una institucionalidad para la ciencia, la creación de centros científicos en varios organismos del estado (MINSAP, MINAGRI, y otros), la Academia de Ciencias, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el Forum de Ciencia y Técnica, el Polo Científico de la Biotecnología, la Universidad de las Ciencias Informáticas, y muchas otras, que  contaron con el impulso, el diseño estratégico y la presencia fundacional del mismo Fidel.

Le sigue la historia  del surgimiento del Sector Biotecnológico a partir de 1981, cuando la propia Biotecnología estaba apenas siendo inventada en los países de mayor avance tecnológico, esfuerzo del que emergió nada menos que un nuevo sector de la economía nacional y de la capacidad exportadora del país. Esta historia contiene el concepto de “centros de investigación y producción ”, una trascendental innovación organizacional, de la que surgieron instituciones que transitaron en un período sorprendentemente breve a la rentabilidad por sus propias exportaciones y se convirtieron en el embrión de la Empresa socialista de Alta Tecnología. La viabilidad y perspectiva del desarrollo de la biotecnología en Cuba fue una “batalla de ideas” de Fidel. Esa historia de desarrollo científico tiene conexiones inseparables con el desarrollo educacional, y con el desarrollo de la salud pública: Desarrollo educacional basado en el concepto de acceso universal a la educación superior, y luego en las sedes universitarias en casi todos los municipios, que se convirtieron en muchos municipios en el dispositivo principal de captación y circulación de conocimiento para el desarrollo local.

Sabemos que esos conceptos fueron polémicos, y debieron ser ampliamente explicados y discutidos, como cuando Fidel defendió esas ideas expresando que:

“No podemos renunciar al objetivo  humano fundamental del socialismo… no podríamos resignarnos al principio de: siembra escuelas y te quedarás sin obreros agrícolas.  Más bien dirás: siembra escuelas y tendrás decenas de miles de científicos, siembra escuelas y tendrás decenas de miles de buenos cuadros”.

La implementación de esos conceptos en la educación, y especialmente en la educación superior, fue otra “batalla de ideas” de Fidel.

También tiene el desarrollo científico conexiones con el desarrollo de la Salud Pública, con el mismo concepto de que “no podemos renunciar al objetivo humano fundamental del socialismo…” que aquí se concretó en la aspiración (y el logro) del acceso universal y gratuito al sistema de salud, que comenzó desde 1959 con el Servicio Médico Social-Rural, y se desarrolló después con el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia. Ello no se concibió nunca como un servicio masivo de bajo nivel técnico: todo lo contrario, implicó la  proliferación de universidades médicas en todas las provincias, el desarrollo de las especialidades médicas, y los institutos científicos de tercer nivel en el sistema de salud. El diseño e implementación de ese Sistema de Salud que nos llevó a una mortalidad infantil por debajo de 5  y a una esperanza de vida de 78 años fue también, otra  “batalla de ideas” de Fidel.

Tanto en la Educación como en la Salud Pública, vemos la misma estrategia de combinar acceso masivo y alta calidad, comprendiendo que ni la masividad mediocre, ni la alta tecnología elitista pueden aisladamente producir impacto en la sociedad. La capacidad de trabajar simultáneamente sobre esos dos ejes ortogonales, de la extensión masiva y la profundidad, es lo que explica los resultados de la sociedad cubana en la educación y la salud.

Es ese concepto de extensión y profundidad simultáneamente, el que vemos en el desarrollo de la biotecnología, en la Universidad de las Ciencias Informáticas, en los “Joven Club de Computación”, en el acceso masivo a la cultura, y en muchas otras iniciativas de Fidel.

Nuestra generación de científicos, educadores, y profesionales de la salud cubanos tuvo el privilegio de trabajar de manera  muy cercana con Fidel en esas tareas.

Todos los que vivimos esa experiencia tenemos decenas de anécdotas y experiencias personales que contar, sobre el pensamiento y la ejecutoria de Fidel, su capacidad de persuasión, de motivación y de transformación rápida de las ideas en acciones.

Anécdotas como la de aquella visita de 1989 a un pequeño grupo de científicos en un laboratorio quasiartesanal en el 4º piso de un hospital (Fidel mismo le llamó “los científicos de la buhardilla”) que apenas había acabado de obtener 30 gramos de anticuerpos monoclonales, y en la que Fidel  indagó por las mayores empresas productoras de esos anticuerpos en el mundo y sus capacidades (que eran en ese momento 2000 veces superiores) para inmediatamente retar al grupo diciéndoles: “y ustedes ¿no piensan competir con esa gente?”.

O cuando se detuvo a explicarles personalmente a los obreros que sembraban plátano en el terreno donde se construiría el nuevo centro biotecnológico las razones por las cuales se debía demoler el platanal. Explicación esta, que ilustra esa combinación de pensamiento estratégico, metas colosales y sensibilidad humana por los detalles, combinación que es muy rara en los políticos del mundo de hoy.

Quizás en otro espacio se cuenten en detalle estas y otras muchas anécdotas. Pero estas reflexiones de hoy, alrededor del cumpleaños 90 de Fidel, serían superficiales si se limitasen a la enumeración de anécdotas, o la compilación de datos.

Lo que es imprescindible hacer hoy es subrayar y trasmitir los conceptos que subyacen en cada una de esas interacciones, e intentar identificar lo esencial que hemos aprendido de Fidel, precisamente para trasmitirlo a las nuevas generaciones y perpetuarlo.

Conceptos esenciales tales como:

  1. El compromiso con el futuro, aun en medio de enormes dificultades inmediatas.
  2. El valor del conocimiento para la defensa de la soberanía nacional y la justicia social.
  3. El acceso masivo a los conocimientos y la cultura como derecho humano, y como pre-requisito para el desarrollo económico, no como consecuencia distal del crecimiento de la economía.
  4. La confianza en las enormes potencialidades intelectuales y éticas del ser humano.
  5. La voluntad de plantearse metas cada vez más altas y más audaces. Gabriel García Márquez caracterizó una vez a Fidel como “un hombre de ilusiones insaciables, incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal…”.
  6. El sentido de urgencia, captado en esa frase del propio Fidel, que dice: “milito en el bando de los impacientes, de los apurados…”.
  7. La consagración al trabajo, como una expresión concreta de la ética del científico. El inmenso valor de la modestia.
  8. La idea de una economía basada en la Ciencia y la Tecnología, como palanca principal de nuestro desarrollo.

Finalmente en un plano más profundo, sustentando esas ideas, debemos identificar en Fidel Castro una actitud ética que pudiéramos llamar el sentido de LA INMEDIATEZ DEL FUTURO. Esa idea de que el futuro es para hoy, que vemos una y otra vez en el pensamiento de Fidel, en la idea de eliminar el analfabetismo en un solo año, en la reforma agraria superando el minifundio e incluyendo formas más avanzadas de producción, en la universalización de la enseñanza universitaria aún más allá de la demanda laboral del momento, en el acceso masivo a la cultura, en el objetivo de potencia médica y esperanza de vida superior a 80 años, en la introducción de fórmulas comunistas de distribución dentro de la construcción del socialismo, y en tantos y tantos otros ejemplos.

Una ética del intelectual que Fidel ha aplicado en primer lugar a sí mismo, y que exige que una vez que concebimos claramente una idea de cómo las cosas deben ser, con ella viene de inmediato el compromiso de luchar porque sean así, lo antes posible.

Compromiso con el futuro, y coherencia y audacia en la transformación de las ideas en acciones, eso es precisamente lo que la palabra “ética” quiere decir.

Si aprendemos eso, y lo integramos al alma colectiva del cubano, Fidel nos habrá dado tremendas herramientas con las que abrir nuestro Siglo XXI, con todas sus complejidades y desafíos.



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