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Cambio climático: “sonando en Cuba”
CAMAGÜEY.– Orillado a la bahía de La Gloria, Puerto Piloto es una lengüeta de tierra sumergida al extremo en un mar de sonda protegido por los cayos Guajaba y Romano, dos de las más importantes isletas del archipiélago Sabana–Camagüey que le separan del Canal Viejo de Bahamas.

Toda esa área, al otro lado de la bahía de La Gloria, fue designada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Reserva de Biosfera Buena Vista y también sitio Ramsar —Convención relativa a los humedales de importancia internacional. Un papel especial en el incremento del conocimiento científico y tecnológico y en la integración de factores, lo ha desempeñado el Proyecto Pnud/GEF Sabana–Camagüey, iniciado a fines de 1993 con una elevada aportación económica del Estado cubano y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), ejecutado por más de 10 años en tres etapas.

Como consecuencia de esa atención se suceden cambios importantes en el manglar y bosques costeros al extender la zona de protección entre la llanura costera agrícola y el medio ambiente marino. La situación geográfica de Piloto en la región ofrece la oportunidad de la aplicación de estos cambios y beneficios.

HISTORIA Y CREENCIAS, ¿CARA O CRUZ?

Durante la era de oro de The Gloria City, familias norteamericanas construyeron en un borde de playa un balneario que pronto se popularizó. Tiempo y circunstancias dejaron para los recuerdos a la colonia, quedando en Piloto aisladas cabañas de pescadores y sus familias, y aunque el desarrollo de la comunidad fue lento durante la década de 1950, era balneario preferido de los camagüeyanos.

Pero a Piloto, a pesar de tener los pies sumergidos demasiado cerca del mar y sobre una cota de manglares y humedales marinos pantanosos a veces, la protección que el archipiélago SabanaCamagüey le ofrecía en temporadas ciclónicas le sentó creencias de su invulnerabilidad. En realidad, de 1950 a la fecha solo dos fenómenos meteorológicos le habían amenazado: la tormenta tropical Arlene en mayo de 1981 y el huracán George en septiembre de 1998. Ahora Irma le sorprendió.

Lo práctico será alejarse de la costa antes de que estos eventos se multipliquen. A pesar de tales pronósticos pareciera que el futuro de la comunidad de Piloto se estuviera jugando a cara o cruz. Sucede que allí, y frente a los anuncios de la ciencia, hombres de mar colocan por delante sus experiencias y aseveran que en casos de huracanes el agua se retira de la orilla; retrocede bien lejos, por lo que no es un peligro para el poblado: “El científico también debería escuchar al pescador —dicen algunos—. No creemos que el mar nos afecte ni a corto ni a largo plazo y tampoco entendemos que un pueblo como el nuestro tenga que mudarse”.

Mas no son los huracanes la única amenaza sobre la comunidad costera. Otros silenciosos riesgos invaden aquella geografía. Por la superficie la elevación del mar avanza hacia la llanura del interior, el manglar retrocede y con él toda la vegetación protectora en la línea costera. Bajo tierra, el agua salobre ocupa espacios en niveles freáticos tierra adentro. Piloto se hunde en un lento, pero irreversible proceso. En ese punto no queda otra opción que colocar tierra de por medio, alejarse de la orilla del mar y repoblar los manglares o desaparecer en un número ya determinado de años.

LA VIDA NOS DEJA UNA TAREA: COMPRENDER

Hoy nuestro clima es más cálido y extremo. Desde mediados del siglo pasado la media anual ha aumentado en 0.9 grados Celsius. En Camagüey, el proceso es más notable en las temperaturas mínimas anuales que desde 1950 crecen en unos 2.4 grados Celsius. Al respecto se observa una gran variabilidad en la actividad ciclónica y en 1996 comenzó un período muy activo, con grandes pérdidas económicas. De 2001 a la fecha, hemos sido afectados por 9 huracanes intensos, hecho sin precedentes en la historia.

El régimen de lluvias cambia. En las últimas décadas las precipitaciones durante el período seco aumentan. La frecuencia y extensión de las sequías se incrementa significativamente y el nivel del mar sigue subiendo. Pruebas palpables lo son Playa Florida y Santa Cruz del Sur.

Teniendo en cuenta el impacto actual y futuro del cambio climático para el archipiélago cubano, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) lidera la Tarea Vida.

Ese programa tiene identificadas las zonas donde es más urgente actuar para dirigir hacia allí los esfuerzos y recursos. Para ello es necesario asegurar e implementar una base jurídica; pero la parte más importante y quizá difícil es explicar y hacer conciencia a los habitantes sobre el serio y ya presente fenómeno y sus consecuencias.

EL FUTURO QUE YA ESTAMOS VIENDO

La Dra. Andrea de Armas Rodríguez, titular del Citma en la provincia, tiene el criterio de que resulta difícil que una persona decida trasladarse del lugar donde ha vivido durante años por un peligro anunciado, pero que no ve ni comprende.

“Por ello debe de existir una etapa importante de información y educación —explica la Dra. de Armas durante un reciente encuentro con Adelante—. En el caso de Piloto, debemos mantener un intercambio con la comunidad. En realidad es muy bueno el entusiasmo para levantar las viviendas, pero deben volver a construirse si existen condiciones. Tiene que haber microlocalizado otro lugar con redes eléctricas, hidráulicas y todo lo que hace falta para mover a esa población. Porque sí se sabe que la primera línea de casas junto a la costa debe moverse, aunque el traslado no pueda ser en lo inmediato, buscamos condiciones”.

En Playa Florida, por ejemplo, la percepción mayoritaria de la gente es favorable. Raúl Gutiérrez Marín dice que nació mirando al mar hace 59 años. “En el agua he echado mi vida, si no fuera por mi condición, aún estaría en una embarcación pescando”, cuenta mientras acaricia el lugar donde estuvo su pierna hasta que una enfermedad obligó a amputarla.

Pasea la mirada por la orilla y señala varios puntos donde hubo muelles o atracaderos. “Miles de veces zarpé a buscarme la vida desde aquí. El mar me cambió y me vio envejecer y al pueblo también”, nos cuenta el simpático pescador.

“¿Que si ha penetrado?, imagínese que ya se tragó dos filas de casas, una cuadra entera. ¿Usted ve aquel poste como a setenta metros? Allá estaba la orilla hace 30 o 40 años. Ya yo estoy viejo y casi no tengo fuerzas para emprender nuevas cosas, pero los jóvenes sí deberían construir su futuro un poco más lejos, aunque continúen pescando aquí. Y no solo lo digo por este fenómeno que es más lento, mire usted lo que hizo el huracán a las casitas de la costa. Oiga, aquí el agua llegó como dos kilómetros mangle adentro”.

EL INTERCAMBIO DE LA VIDA

La delegada del Citma saca cuentas. “En Camagüey resultaron afectadas al paso del huracán Irma más de 3 000 viviendas. Cuando eso se lleva a la economía, energía, comunicaciones, se llega a la conclusión de que todos los años no podemos volver a levantar viviendas”.

Andrea de Armas reflexionó sobre la situación de otras naciones donde no existe respaldo político ni económico para este tipo de empeño. “Hay muchos discursos sin un plan de Estado, pero el que tiene Cuba no lo tiene otro. Yo no digo que cada estado haga una tarea Vida, pero al menos los países deben desarrollar una lógica de cómo enfrentar el cambio climático, cómo adaptarse y mitigar sus efectos, no hay ni siquiera sistemas de alerta con un respaldo gubernamental. Lo que estamos haciendo es ya una garantía de ganarle tiempo al tiempo que nos queda”.
Fecha:
Jueves, 26 de octubre del 2017
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