Mensaje a nuestra generación
No siempre los niños y jóvenes de hoy tenemos
claro que el subdesarrollo y la pobreza son un serio problema
que actúa en los conflictos ambientales que sufre y
padece nuestro hermoso planeta.
Comprendo que para nosotros —la juventud y la niñez
cubanas— sea difícil juzgar esta realidad, pues
en gran medida tenemos garantizada la educación, la
salud, la alimentación y el bienestar en general, por
tanto no sufrimos la tristeza y el dolor de los niños
y jóvenes que viven en otros países del tercer
mundo, donde sus gobiernos responden a las clases dominantes
y poderosas, aquéllos que en su afán de tener
cada día más, destruyen el medio ambiente y
los obligan a vivir en condiciones infrahumanas, sin derecho
a la educación y la cultura elementales.
Pero nosotros tampoco escapamos al conflicto ambiental, porque
hemos heredado problemas como la deforestación —que
hoy se ha ido recuperando—, y tenemos dificultades económicas
que afectan
el saneamiento ambiental, la contaminación
y la insalubridad, los que mucho pudiéramos mejorar
de existir una mayor sensibilidad e interés por contribuir
a la higiene familiar y comunitaria.
Hoy, también, nuestro planeta sufre cambios climáticos
por la concentración de gases tóxicos en la
atmósfera, emitidos indiscriminadamente en otras regiones
del mundo y que tanto dañan la agricultura, cuando
sabemos que nuestros países dependen en gran medida
de la producción agrícola. ¿Qué
pasará si no actuamos para aliviar y distender la crisis?
¡Actuar! pero cada día, con sensatez y constancia,
en la educación y preparación que exige la vida,
es un deber insoslayable de nuestra niñez y juventud
hacia este planeta que nos permitió nacer.
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