Origen y Evolución de Cuba y del Caribe: Sus Paleobiotas

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Origen de las biotas y los ecosistemas marinos de Cuba

Manuel A. Iturralde-Vinent, 2004

Las biotas marinas de Cuba, tanto de la plataforma insular cuanto de los mares más profundos que la rodean, comparten su historia con el Mar Caribe, y en un entorno más general, con la evolución de nuestro planeta. En este trabajo se analiza, el origen de la biota marina actual de Cuba y como se formaron sus ecosistemas, y se expondrán algunas conclusiones que se derivan de este análisis. Es importante destacar que las edades numéricas que se utilizan en este trabajo se basan en la escala geocronológica propuesta por J. Remane en el 2000.

Los Primeros Pobladores del Caribe

El Mar Caribe tiene una antigüedad de unos 150 a 160 millones de años. Antes no existía, ya que el lugar que ocupa hoy entre América del Norte y América del Sur, previamente estuvo situado en el interior de Pangea, un supercontinente que existió durante la primera mitad de la Era Mesozoica (Fig. 1). Aquella gran masa terrestre comenzó a fracturarse 200 millones de años atrás, y así se formaron una serie de estrechos canales acuáticos en el interior de aquel continente, que pueden considerarse, de cierto modo, los precursores del Caribe. Hacia la segunda mitad del Jurásico algunos de aquellos canales colapsaron, pero otros se ensancharon hasta formar el Atlántico, el Golfo de México y el Caribe primitivo. (Fig. 1; Iturralde-Vinent y MacPhee, 1999; Iturralde-Vinent 2004b). Para conocer en más detalles los primeros pobladores del Caribe visite Primeros Pobladores.

Figura 1. Paleogeografía del Caribe.

El Caribe primitivo era un paso oceánico relativamente estrecho donde se encontraban fondos arenosos no muy profundos, que colindaban con las costas de Laurasia (América del Norte) y Gondwana (América del Sur) (Fig. 1: 205 - 180 Ma). Las planicies costeras eran inicialmente arenosas, producto de la acumulación de los materiales acarreados por los ríos continentales. Estas zonas costeras se transformaron en pantanos y florecieron los fondos de fangos ricos en humus. Con el transcurso del tiempo algunos de estos fondos bajos pasaron a ser extensas plataformas, donde se acumulaban fangos y arenas calcáreas biogénicas. También, con el ensanchamiento del Mar Caribe, surgieron fondos de aguas profundas, donde se acumularon principalmente carbonatos (Fig. 1: 141 - 136 Ma; Haczewski, 1976; Pszczolkowski, 1978, 1999; Iturralde-Vinent, 2003a, 2004a, 2004b).

Los primitivos fondos arenosos estaban poblados por una variedad de organismos, de acuerdo con su capacidad de explotar los recursos de los ambientes existentes. Hace 160 a 150 millones de años en las zonas litorales dominaban los ambientes deltaicos y de humedales (Haczewski, 1976), donde se encontraban plantas acuáticas y vegetación de costa, incluido el Piazopteris branneri (Areces, 1990). Las zonas de inundación costera estaban eventualmente pobladas por algunos moluscos bivalvos como las trigonias y especialmente ostréidos, que llegaban a formar horizontes muy ricos en conchas (Pszczolkowski, 1978, 1999)

Ya hace 150 millones de años el Caribe primitivo era una amplia extensión de aguas que servía de comunicación a dos océanos, el Atlántico Norte y el Pacífico (Fig. 1: 141 - 136 Ma). Siguiendo las corrientes marinas que fluían, de Este a Oeste, comenzaron a poblar, y circular por el Caribe, una gran variedad de elementos del plancton (radiolarios, ostrácodos) y algunos invertebrados nectónicos (ammonites, belemnites y buchias) (Bergrem y Hollister, 1974; Westermann, ed. 1992. Con ellos llegaron los peces (generalmente picnodontes comedores de fondo), y esta variedad de alimento atrajo consigo a una enorme diversidad de reptiles carnívoros. Las costas del Caribe primitivo se poblaron de tortugas acuáticas (Caribemys oxfordiensis) y desde la tierra volaban en busca de alimento los pterosaurios (Nesodactilus hespericus, Cacibupteryx caribensis). Hacia el mar abierto dominaban los pliosaurios (Peleoneutes), los cocodrilos oceánicos (Geosaurus), los plesiosaurios de cuello largo (Vinialesaurus), y los ictiosaurios (Ophthalmosaurus) (Gasparini e Iturralde-Vinent, pdf).

Aquellos animales venían migrando desde un océano llamado Tethys, ya desaparecido, cuyos restos en forma de rocas sedimentarias se encuentran hoy en Europa, Asia y el norte de Africa (Martin y Hudson, eds., 1991). En su movimiento se desplazaban por el Caribe y llegaban a las costas del Océano Pacífico, siguiendo la dirección de las corrientes marinas (Ricardii, 1991; Westermann, ed. 1992; Gasparini 1996; Aberham, 2001).

Desde el inicio del Cretácico, hace unos 145 millones de años, ocurrió un cambio en la geografía del Caribe. El pasaje oceánico alcanzó su máxima anchura, y surgieron una serie de islas volcánicas y bajos, que complicaron el relieve submarino. A partir de entonces la libre circulación de las aguas oceánicas estuvo regulada por la extensión de las islas y bajos, que en algunos intervalos de tiempo, casi cortó dicha circulación (Fig. 1: 75 - 70 Ma). Es conocido que el Cretácico fue una etapa relativamente cálida de la historia de la Tierra, y que en aquellos tiempos, en las zonas tropicales, se desarrollaron extensamente los ambientes de plataformas calcáreas, donde proliferaba la vida marina (Skelton, ed., 2003). El Mar del Tethys-Caribe es un ejemplo de esto (Fig. 1: 75 - 70 Ma). Asimismo, en los fondos profundos del Caribe se acumularon sedimentos arcillosos, ricos en organismos del plancton, y en el entorno de las islas volcánicas, sedimentos arenosos, intercalados con lavas y fondos calcáreos (Iturralde-Vinent, 2004b).

Entonces, alrededor de las islas y en las zonas bajas, aparecieron las condiciones para el desarrollo de ricas comunidades de moluscos (incluyendo litosomas de rudistas), escasos corales aislados, equinodermos, foraminíferos, ostrácodos, algas y otros invertebrados. Entre los organismos nectónicos se encontraban tortugas, serpientes marinas tipo mosasaurios, y una variedad de peces y cefalópodos (ammonites y belemnites) (Sohl y Kollman, 1985; Ricardii, 1991; Barrera y Johnson, 1999; Iturralde-Vinent, 2003a, 2004a, 2004b).

En aquellos mares las erupciones volcánicas eventualmente contaminaban las aguas con sus productos, poniendo en crisis las comunidades marinas cercanas a los volcanes. Pero se observa, durante el Cretácico, que tras la pérdida de los ecosistemas de las plataformas calcáreas que rodeaban aquellas islas, sustituidas en el tiempo por arenas volcánicas y lavas, ocurría la pronta recuperación de los ambientes calcáreos al reducirse la presencia de contaminantes. Ejemplo de esto último son las plataformas asociadas a las rocas vulcanógenas de las Antillas Mayores, y en particular, la del Maastrichtiense (65-75 millones de años), que presentan una enorme biodiversidad de rudistas, corales, algas y muchos otros organismos marinos, debido a la extinción temporal de la actividad de los volcanes antillanos (Rojas et al., 1997).

Al final del Cretácico (hace 65 millones de años) hubo una crisis ambiental global, que generó una gran mortalidad, especialmente en el Caribe. Esta crisis ecológica fue desencadenada por el choque de la tierra con un enorme bólido espacial, cuyo impacto tuvo lugar en Chicxulub (hoy Yucatán) (Álvarez, 1997). Obviamente los efectos de este choque en el Caribe fueron considerables (Tada et al., 2004). La crisis ambiental del final del Cretácico exterminó un gran número de especies marinas en todo el mundo, independiente de su tamaño o hábito de vida, como por ejemplo, los foraminíferos planctónicos (globotruncánidos), cefalópodos ammonites y belemnites (nectónicos), pelecípodos rudistas (bentónicos), reptiles marinos (mosasaurios); y en los ambientes terrestres, los dinosaurios y pterosaurios, entre otros. Sin embargo, sobrevivieron aquel evento los cocodrilos terrestres, las tortugas marinas y terrestres, los mamíferos terrestres, los ostréidos (bentónicos), y muchos otros organismos. Es importante constatar que, después de la crisis creada por el impacto, y la gran mortalidad generadora de una extinción masiva de especies de animales y plantas, la vida continuó en las tierras y los mares. La consecuencia fue una nueva “repartición” de los ecosistemas del mundo, de modo que los sobrevivientes y sus descendientes pudieron ocupar espacios antes dominados por otras especies.

Es obvio que los eventos catastróficos, generados por el impacto en Chicxulub, hayan afectado con especial intensidad el área del Caribe, donde se han constatado deslizamientos y derrumbes costeros de enormes proporciones, y la acción de varios trenes de olas gigantes tipo tsunami, en un breve espacio de tiempo (Tada et al., 2004). Por eso se puede suponer que la mayoría de las comunidades marinas del Caribe fueron eliminadas, así como las comunidades que habitaban las islas y las tierras bajas de los márgenes continentales (Iturralde-Vinent, 2004b).

Reestructuración de las biotas del Caribe

Después de la crisis ambiental antes mencionada, comenzó la recuperación de los ecosistemas marinos y terrestres del Caribe. En las rocas sedimentarias del Paleoceno (65-55 millones de años) ya aparecen restos fósiles de una gran variedad de organismos marinos, distintos a los precedentes, incluyendo representantes del plancton y el bentos microscópico (foraminíferos, ostrácodos, radiolarios, braarudosféridos), macroinvertebrados (moluscos, equinodermos, corales) y vertebrados (peces). Pero estos organismos deben haber llegado al Caribe migrando desde los mares circundantes (Atlántico y Pacífico), y de distintos modos se dispersaron y recolonizaron el Caribe (vea ejemplos en Jackson, Budd y Coates, eds., 1996; Prothero et al., ed. 2003).

Sobre esta base, se puede afirmar que las corrientes marinas superficiales que fluían de este a oeste, trajeron el plancton y las larvas de muchos invertebrados desde el Atlántico, y algunas contracorrientes del Pacífico, también alimentaron el Caribe con su carga de vida (Iturralde-Vinent, 2003a, 2004b).

Aquella biota del Paleoceno y Eoceno (65 a 33 millones de años) en su composición global, ya era muy semejante a la actual. Sin embargo, la distribución de tierras y mares era bien distinta al presente. Por ejemplo, aquellas islas no son las mismas que conocemos hoy, pues sufrieron profundas transformaciones subsecuentes (MacPhee e Iturralde-Vinent, 1999; Fig. 1: 55 - 50 Ma).

Durante aquella etapa se desarrollaron una variedad de ambientes marinos. En los fondos poco profundos habitaban diversos grupos de invertebrados, con la peculiaridad de que comenzaron a dominar los corales y las algas, al desaparecer los rudistas. Los peces, tanto óseos como cartilaginosos, se hacen abundantes y muy diversos (Iturralde-Vinent et al., 1996), pues desapareció la competencia con los reptiles gigantes. Sin embargo, diversos mamíferos conquistaron los mares, tales como las ballenas, los delfines, los sirenios y las focas. En las costas han desaparecido los pterosaurios, sustituidos por las aves y los murciélagos.

Después del Eoceno, la configuración de la geografía caribeña sufre constantes variaciones.  La actividad volcánica se ha limitado a las zonas extremas del este (futuras Antillas Menores,) y a lo que será posteriormente América Central (Fig. 1: 10 - 5 Ma). Las tierras antillanas constituyen un obstáculo parcial para la circulación de las aguas marinas, pues entre ellas existían canales marinos relativamente profundos. Eran abundantes los fondos marinos poco profundos, bien intercomunicados por canalizos y pasos de aguas profundas. Ya en el Plioceno el escenario geográfico era muy cercano al actual.

En las rocas sedimentarias del Oligoceno, Mioceno y Plioceno de la región Caribe se han reportado restos fósiles de una gran variedad de organismos muy semejantes a los que hoy habitan estas aguas. Ellos tienen sus relativos más cercanos en el Atlántico Norte, Central y Sur, y en el Pacífico central y septentrional (vea ejemplos en Jackson, Budd y Coates, eds., 1996; Prothero et al., ed., 2003; Iturralde-Vinent 2004b). Esto refleja la amplia interacción que existió entre dichas aguas oceánicas, a través del Caribe (Wright y Miller, 1993). Sin embargo, existen algunas peculiaridades que se deben resaltar. Desde el Oligoceno comenzaron a desarrollarse las comunidades coralinas arrecifales, que alcanzaron su mayor extensión desde el Mioceno y hasta hoy (Frost et al., 1983; Budd, 1996; y htm). Durante el Oligoceno y Mioceno el Caribe, como la Florida, estuvo poblado por diversas especies de dugones, que se extinguieron al final del Mioceno (~8 Ma) y fueron sustituidos por los manatíes desde el Plioceno-Cuaternario (5 millones de años y hasta el presente) (MacFadden et al., 2004). Desde el Paleoceno son comunes los restos fósiles de tiburones, con una gran variedad de especies cosmopolitas que sobrevivieron hasta hoy (Iturralde-Vinent et al., 1996). Durante el Mioceno de desarrolló el gigantismo en los peces cartilaginosos, como son los ejemplos del tiburón Carcharodon megalodon y la manta Aetomylaeous cubensis (Iturralde-Vinent et al, 1996; 1997). Por lo menos desde el Mioceno las ballenas circulaban por el Caribe, pues sus restos fósiles se encuentran en rocas de esta edad (MacPhee, et al., 2003).

Hace unos 2.5 millones de años en el Mar Caribe comienza una nueva etapa de desarrollo, ligada, primeramente, al levantamiento progresivo del istmo de Panamá (Coates y Obando, 1996). Esta barrera, entre el Caribe y el Pacífico, se establece primero de manera intermitente (2.5 a 0.7 millones de años), ya que durante las etapas de elevación del nivel del mar ocurre algún intercambio entre el Pacífico y el Caribe, como lo demuestra el estudio de algunas especies de gasterópodos (Beu, 2001). Sin embargo, ya desde el Pleistoceno Inferior (~ 700 mil años), la comunicación Caribe-Pacífico se interrumpe hasta hoy (Bue, 2001). Desde entonces, la geografía del Caribe se asemeja mucho a la actual, las comunidades locales se hacen más cercanas a las atlánticas, y surgen nuevos endémicos.

Delimitación geográfica de Cuba y la formación de sus ecosistemas marinos

La forma actual de Cuba y su plataforma insular es un hecho geográfico extremadamente joven, pues los contornos del archipiélago se han delimitado en los últimos 6000 años (Iturralde-Vinent, 2003b). Este proceso comenzó hace unos 30 millones de años, cuando la tendencia general de la evolución tectónica del territorio de Cuba ha sido al ascenso e incremento de su área, particularmente desde el Mioceno Medio a Superior. Por esto se considera que el factor principal de la formación del relieve de la isla, tanto de las zonas terrestres como marinas, son los movimientos del terreno. En este marco, las oscilaciones glacioeustáticas del nivel del mar han modulado la velocidad con que tiene lugar la ampliación o reducción de las tierras emergidas y la extensión de la plataforma insular, aunque su papel, en los últimos 120 000 años, ha sido un tanto más destacado (Iturralde-Vinent, 2003b). Esto se observa bien al inspeccionar los mapas paleogeográficos del Cuaternario de Cuba (Figuras 2A, B y C).

Las rocas sedimentarias de origen marino, que se depositaron en estos últimos 1.8 millones de años, generalmente están expuestas en las terrazas marinas que rodean algunas costas de elevación, bajo la plataforma insular, y en otros terrenos insulares. Entre ellas, dominan las calizas y margas con abundantes restos de invertebrados marinos, que pertenecen a los mismos géneros que habitan hoy los fondos calcáreos de la plataforma insular. En menor grado se han preservado los depósitos arcillo-arenosos que se originaron en los fondos de tipo "llanuras de seibadal" que existieron en el pasado. En algunas localidades se han mantenido preservados los sedimentos que en el pasado representaron las áreas del delta de los ríos, donde se acumularon potentes depósitos areno-gravosos (Ionin, et al., 1977; Iturralde-Vinent, 2003b).

Figura 2A. Paleogeografía del Plio-Pleistoceno de Cuba.

El mapa de finales del Plioceno e inicios del Pleistoceno (Fig. 2A), revela que ya, en aquella época, estaba delimitado el archipiélago cubano, como un gran promontorio en el Caribe noroccidental. Un sistema de taludes, bastante abruptos (conocido popularmente como el canto del beril), separaba el territorio cubano de los fondos profundos del Canal Viejo de Bahamas, y de la Cuenca de Yucatán. Dentro de este promontorio existían tierras elevadas y una extensa llanura que se inundaba periódicamente, durante los periodos de elevación del nivel del mar. Sin embargo, habían grandes extensiones de fondos marinos lodosos-arenosos, poco profundos, donde habitaron distintos invertebrados, corales y peces (Ionin, et al., 1977; Iturralde-Vinent, 1969; 2003b).

El mapa del escenario geográfico de hace unos 120-125 mil años representa la etapa cuando el nivel del mar estaba relativamente alto (Fig. 2B). En aquel tiempo existían varios archipiélagos de islas y bajos, dentro de los cuales se destacaban zonas montañosas. Estos archipiélagos estaban rodeados de una extensa plataforma insular, cubierta por mares de aguas cálidas, poco profundas, pues correspondía con una etapa interglacial. Entonces se desarrollaron los sedimentos calcáreos que constituyen la así llamada Formación Jaimanitas, donde hay abundantes restos fósiles de corales y otras invertebrados propios de aguas de salinidad normal, bien oxigenadas (Bronnimann y Rigassi, 1963; Iturralde-Vinent, 2003b).

Figura 2B. Paleogeografía del Pleistoceno Superior (120-110 mil años) de Cuba.

El mapa del Pleistoceno tardío representa el escenario geográfico de hace 20-25 mil años atrás, cuando el nivel del mar descendió hasta 120 metros por debajo del nivel actual, y la mayor parte del área cubana limitada por el "canto del beril" quedó expuesta a la intemperie y se desecó. En aquella época se podía caminar desde Cuba hasta lo que sería después la Isla de la Juventud y los cayos. Las grandes extensiones terrestres estaban rodeadas por una llanura temporalmente inundada, que ocupaba una franja estrecha en el borde de la plataforma insular actual, incluyendo los territorios de la cayería, la península de Zapata, el tercio septentrional de la Isla de la Juventud, y la península de Guanahacabibes, entre otras (Fig. 2C). Las consecuencias de esta retirada de los mares fueron enormes, pues toda la vida marina de la plataforma insular cubana desapareció (Iturralde-Vinent, 2003b). Es posible que esta situación durara algunos miles de años, pues se desarrolló un relieve complejo, e incluso suelos, localmente potentes (Ionin, et al., 1977).

Figura 2C. Paleogeografía del Pleistoceno Superior tardio (20-25 mil años) de Cuba.

Desde hace unos 20 000 años atrás, y hasta hoy, el mar ha ido conquistando los terrenos anteriormente emergidos, inundando los territorios bajos que hoy constituyen la plataforma insular (Ionin, et al., 1977; Iturralde-Vinent, 2003b).  Se calcula que la velocidad promedio de los movimientos verticales del terreno en Cuba, por entonces, osciló entre 1 y 3 mm. por año, mientras que el promedio de elevación del mar fue de unos 4.8 mm. por año (Iturralde-Vinent, 2003b). Asimismo, se sabe que hace unos 10 000 a 8 000 años hubo una aceleración del ascenso del nivel del mar y un descenso posterior, que debió hacer retroceder la línea de costa y reestructurar la posición de los arrecifes de corales. Las pruebas de este ascenso se observan en las costas rocosas de Cuba, donde es común encontrar una incisión marina (nicho de marea), a unos 2 metros de altura promedio, marcando el nivel que alcanzó el mar (Fig. 3). Otros indicios se encuentran en Puerto Rico, donde algunas perforaciones realizadas en los fondos marinos de la plataforma insular han cortado una capa de corales ramosos erosionados, que yace por debajo de los corales masivos actuales (Ramírez, W., comunicación personal). Esto quiere decir que los arrecifes coralinos se han acomodado, a su posición actual, apenas en los últimos 8 000 años.

Figura 3. Marca de erosión dejada por la elevación del nivel del mar a principios del Holoceno. Cayo Iguana, orla septentrional del Archipiélago de los Canarreos. La caverna tipo cenote puede anteceder a la formación de la marca de erosión.

Todas estas modificaciones de la geografía, en los 25 000 años pasados, tuvieron consecuencias para la biota marina. Ante todo, se puede decir que los ecosistemas marinos actuales de la plataforma insular de Cuba, deben haberse formado en los últimos 20 000 años. Se puede afirmar también que la posición actual de los principales arrecifes de corales cubanos, debe tener menos de 8 000 años, y que la configuración de las costas y humedales costeros, se alcanzó en los últimos 8 000 años, y sigue cambiando. Por eso, durante el Cuaternario, y particularmente durante el Holoceno (últimos 8 000 años), se puede concluir que se formaron los ecosistemas marinos de Cuba actual (Iturralde-Vinent, 2003b).

Protección de la plataforma insular y las costas

En la actualidad, el nivel del mar continúa en ascenso, determinando que la línea de costa siga modificándose en la isla de Cuba, la isla de la Juventud, y en las cayerías que las rodean. Las observaciones del autor en las costas de Cuba se resumen en los párrafos siguientes.

Las costas de emersión (donde la velocidad de levantamiento del terreno por los movimientos tectónicos supera la velocidad de ascenso del nivel del mar), presentan una serie de terrazas emergidas. En estas zonas, la tierra le está ganando espacio al mar, y la fuerza del oleaje encuentra un obstáculo creciente en los acantilados costeros. En dichos tramos se observa la formación de caletas de derrumbe, en ocasiones asociadas al transporte de grandes bloques de roca tierra adentro, durante los huracanes, como en Cayo Piedra Grande y Cayo Piedra Chica, al sur de Camagüey (Iturralde-Vinent, Tchounev y Cabrera, 1981).

Cayo Largo del Sur>***Guanahacabibes

Fig. 4. Izquierda: Vista de las dunas desmanteladas por el oleaje en Cayo Largo del Sur (Archipélago de los Canarreos), producto de la inundación del cayo por la acción combinada del descenso del terreno y la elevación del nivel del mar. Derecha: Vista de la costa sur de Guanahacabibes, donde se observa la terraza emergida, y los derumbes en las mismas, producto del ascenso del terreno. En ambos casos los bloques caídos pueden, eventualmente, ser levantados y arrojados tierra adentro por las olas de algunos huracanes.

Otro proceso muy evidente en estas costas de levantamiento es el desarrollo de cavernas costeras, formadas por la acción combinada del oleaje y la disolución por mezclas de agua. También se encuentran antiguos “ojos azules” (Blue Holes) emergidos, como es el caso de Cueva Morlote, en las terrazas de Cabo Cruz. En otras zonas se detecta la desecación de los antiguos manglares, que hoy aparecen como troncos y ramas secas sobre la superficie de las llanuras costeras y cayos rocosos, como en el ejemplo de las superficies aplanadas de los cayos del norte de Camagüey (Iturralde-Vinent, Tchounev y Cabrera, 1981).

En otros tramos de costa baja, como al sur de La Habana y Camagüey, (donde la velocidad de levantamiento del terreno por los movimientos neotectónicos no supera la velocidad de ascenso del nivel del mar), ocurren transformaciones en los humedales costeros. Los mismos están siendo desmontados naturalmente por la acción del oleaje. En este proceso se forman amplias ensenadas y playas, por erosión de la línea costera, como en el tramo al oeste de Santa Cruz del Sur, en Camagüey (Iturralde-Vinent, Tchounev y Cabrera, 1981). Otro ejemplo es Cayo Largo del Sur, donde las dunas fósiles, que en el pasado estaban elevadas sobre el nivel del mar, hoy están siendo erosionadas por la acción directa del oleaje.

Estos procesos naturales son reforzados por la acción del hombre, cuando se llevan a cabo construcciones civiles y se siembran barreras de pinos y casuarinas, cercanas a la costa. En estos ejemplos, la erosión del mar se refuerza al ser alterada la dinámica costera, produciendo incisiones en la línea costera y la destrucción de playas y humedales.

Hay muchas lecciones que se han de aprender del devenir histórico geológico de nuestro territorio marino y costero. Por ejemplo, hemos aprendido que no se deben tomar medidas de “protección” de las costas, sin antes conocer bien cuáles son los procesos naturales que están teniendo lugar, y cómo ha sido la evolución de dichas zonas en los últimos 20 000 años. Debemos admitir que las comunidades coralinas actuales son relativamente jóvenes, y por lo tanto, pueden estar todavía en proceso de adaptación al medio, que está cambiando constantemente. El efecto del ascenso del nivel del mar pone a estas comunidades en constante tensión, de manera que las formaciones coralinas tienen que crecer a velocidades capaces de compensarlo.  Por eso, se les puede considerar ecosistemas extremadamente vulnerables, por esta, amén de otras causas.

Sin embargo, estos procesos no son homogéneos para todas las áreas de la plataforma insular, pues los movimientos del terreno (neotectónicos), pueden presentarse, más o menos acelerados, localmente. Por ejemplo, dentro de los límites de la plataforma meridional de Camagüey, donde ocurre, generalment,e el descenso relativo del terreno, hay tramos que se están levantando a gran velocidad. Los cayos de Orihuela son un caso característico, pues estos son macizos coralinos que se están levantando y convirtiéndose en terrenos desecados (Iturralde-Vinent, Tchounev y Cabrera, 1981). Esto nos enseña que hay que estudiar cada caso aisladamente, y no generalizar metodologías de acción sobre las costas y cayos, aunque las mismas hayan sido positivas en un lugar determinado. Información adicional sobre los procesos mencionados, y cómo afectan los ambientes marinos y costeros, puede encontrarse en (pdf) y (pdf).

Nuestra plataforma insular, dicho en otras palabras, es un sistema dinámico, en pleno proceso de transformación natural. Para actuar sobre ella hay que tener muy en cuenta su evolución histórica, los procesos actuales, y elaborar un pronóstico sobre las tendencias futuras.

Lecturas complementarias

Aberhan, M. 2001. Bivalve paleogeography and the Hispanic corridor: time of opening and effectiveness of a proto-Atlantic seaway. Paleogeography, Paleoclimatology, Paleoecology, (165):375-394.

Alvarez, W., 1997. T. rex and the crater of doom. Princenton : Princenton University Press. 185 p.

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